Lise Meitner y el Nobel de Física que nunca fue

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En 1938 la científica Lise Meitner se volvió una de las primeras mujeres que podían aspirar a un Premio Nobel por haber participado en el descubrimiento del fenómeno de la fisión nuclear, es decir, la división de un núcleo pesado en dos o más núcleos pequeños. Por ser judía y mujer, nunca logró ese reconocimiento.

Lise Meitner nació en Viena el 7 de noviembre de 1878. Fue la tercera hija de una familia de abogados liberales y tuvo una educación privilegiada, ya que en esa época las mujeres no solían hacer estudios profesionales. Su padre le permitió tomar clases privadas y luego continuar estudiando Física en la Universidad de Viena, donde obtuvo su doctorado en 1906. Por su condición de mujer, el único trabajo que obtuvo en su ciudad natal fue el de maestra de escuela, lo que la motivó a mudarse a Berlín en 1907 con la esperanza de dedicarse a la investigación.

De caracter tímido, Meitner se volvió amiga y colaboradora del químico Otto Hahn cuando ambos tenían 27 años. Luego de trabajar cinco años como asistente, y sin recibir pago alguno en el Instituto de Química Kaiser Wilhelm (KWI), Meitner logró finalmente, en 1912, un puesto fijo en esa institución. Durante la Primera Guerra Mundial se desempeñó como enfermera de rayos X en el ejército austriaco y, a su regreso a Berlín, fue nombrada jefa de la sección de física en el KWI, donde hizo investigaciones en física nuclear.

Era la época del descubrimiento del neutrón, cuando los físicos se volcaron al estudio del núcleo atómico. En 1934, Enrico Fermi bombardeó el uranio con neutrones, con lo que generó lo que parecían ser elementos aún más pesados ​​que el neutrón. La mayoría de los científicos creían que dicho bombardeo sólo podía inducir pequeños cambios en la cantidad de neutrones o protones, pero estaban equivocados.

Al conocer los trabajos de Fermi, Meitner y Hahn —así como el químico Fritz Strassmann—, también decidieron bombardear con neutrones el uranio a la vez que otros elementos, a fin de identificar una serie de productos de descomposición. Con el propósito de explicar los procesos nucleares involucrados, Hahn realizaba el análisis químico mientras que Meitner se encargaba del análisis físico.

Aunque la amenaza nazi contra los judíos iba en ascenso, Meitner decidió seguir su trabajo en Berlín. En julio de 1938, cuando los nazis tomaron el poder, se vio obligada a huir. Había tratado de mantenerse en su posición el mayor tiempo posible, pero al ser evidente que su vida corría peligro, dejó Berlín llevando consigo sólo dos pequeñas maletas.

Los amigos y colegas de Meitner la apoyaron en su huída y en que la aceptara el Instituto Nobel de Física de Estocolmo, donde le dieron una tibia recepción, la mantuvieron aislada del resto de los investigadores y le otorgaron pocos recursos para su investigación. A pesar de ello, desde Estocolmo Meitner siguió colaborando con Hahn mediante correspondencia.

En diciembre de 1938, Hahn y Strassmann encontraron lo que parecían ser isótopos de bario entre los productos de descomposición. Desconcertados ante el hallazgo, no creían que un pequeño neutrón podía causar que el núcleo se agrietara y partiera en dos para producir elementos más ligeros. Confundido, Hahn le envió una carta a Meitner describiendo el fenómeno.

Meitner recibió el correo en las vacaciones de Navidad cuando estaba con su sobrino, Otto Frisch, un físico que trabajaba en Copenhague en el instituto de Niels Bohr. Luego de que lo leyera, ambos salieron a caminar en la nieve para hablar del asunto. Se detuvieron en un árbol para hacer unos cálculos, cuando Meitner sugirió repentinamente que el núcleo podía verse como una gota líquida. Seguía un modelo que había sido propuesto por el físico ruso George Gamow y luego promovido por Bohr.

Frisch dibujó los diagramas que muestran cómo, después de ser golpeado con un neutrón, el núcleo de uranio puede alargarse como una gota de agua para finalmente dividirse en dos gotas. Las dos gotas se separarían por su repulsión eléctrica mutua a la alta energía, pensaron Meitner y Frisch. Pero ¿de dónde vendría la energía? Meitner determinó que los dos núcleos secundarios juntos tendrían menos masa que el núcleo de uranio original en aproximadamente un quinto de la masa de un protón, y recordó la famosa fórmula de Einstein, E = mc2. ¡Todo encajaba!

Frisch dejó Suecia después de la cena de Navidad. Con el avance inicial, él y Meitner colaboraron por teléfono a larga distancia. Frisch habló brevemente con Bohr, quien luego llevó la noticia del descubrimiento de la fisión a América, donde se encontró con un gran interés al respecto.

En enero de 1939, Meitner y Frisch enviaron un artículo a la revista Nature  donde describían su descubrimiento. Frisch llamó al nuevo proceso nuclear «fisión» porque el término «fisión binaria» ya había sido usado por los biólogos para describir la división celular. Hahn y Strassmann publicaron sus hallazgos por separado y no reconocieron el papel de Meitner en el descubrimiento.

Con los nuevos conocimientos, los científicos de todo el mundo rápidamente reconocieron que si la reacción de fisión también emitía suficientes neutrones secundarios, podría producirse una reacción en cadena que liberaría enormes cantidades de energía. A partir de ese momento, muchos se unieron a los esfuerzos para producir una bomba atómica.

Meitner no quiso ser parte de esos esfuerzos, y se sabe que se entristeció enormemente por el hecho de que su descubrimiento hubiera conducido a la fabricación de armas tan destructivas. En cambio, continuó su investigación sobre reacciones nucleares y contribuyó a la construcción del primer reactor nuclear de Suecia.

Hahn ganó el Premio Nobel de Química en 1944, pero Meitner nunca fue reconocida por su importante papel en el descubrimiento de la fisión.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la científica se mudó a Cambrige, Inglaterra, donde murió a los noventa años de edad. En 1997, el elemento 109 de la tabla periódica fue nombrado Meitnerio en su honor.

La experiencia de Meitner muestra cómo los hallazgos científicos hechos por mujeres eran pasados por alto por los comités científicos, conformados en su mayoría por hombres, incluido el comité del Nobel.

Un texto de 1997 de la revista Physics Today afirma que la omisión de Meitner fue «un raro ejemplo en el que opiniones personales negativas aparentemente llevaron a la exclusión de una científica que merecía el premio».

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