Ada Lovelace, la primera mente en concebir la era informática

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Cuando Ada Lovelace tenía doce años, quería volar. Abordó el problema metódicamente, analizando el vuelo de las aves e investigando varios materiales que podrían servir como alas: plumas, papel y seda. Según su biógrafa Betty Alexandra Toole, en el curso de su investigación, que comenzó en febrero de 1828, Ada escribió e ilustró una guía llamada «Flyology» [algo así como “Vuelología”, en español]para registrar sus hallazgos. Trabajó con ahínco en este proyecto hasta que su madre la reprendió por descuidar sus estudios, que estaban destinados a ponerla en un curso racional, no de fantasía.

La madre de Ada, Annabella Byron, era el contrapunto perfecto de su padre, Lord Byron, el poeta romántico, que llamó a su esposa la «Princesa de los Paralelogramos». Un mes después del nacimiento de Ada, Annabella Byron sacó a su hija de su casa en Londres y la alejó de la influencia de Lord Byron. Poco antes de su muerte, cuando escribió sobre la educación de Ada, Annabella dijo: «No carece de imaginación, sino que la ejerce principalmente en relación con su ingenio mecánico». Fue lo mejor que podía esperar, luego de haber instruido a Ada en una disciplina basada en la aritmética, la música y el francés, según la biografía A Female Genius, de James Essinger, que salió a la venta en octubre de 2013. Essinger escribe que Lady Byron deseaba suprimir la imaginación de su hija, pues pensaba que era «peligrosa y potencialmente destructiva, y que provenía de Byron».

Pero Lovelace reconcilió los polos opuestos de la influencia de sus padres. El 5 de enero de 1841, preguntó: «¿Qué es la imaginación?» Dos cosas, pensó. Primero, «la facultad de combinación», que «toma puntos en común entre los objetos que no tienen conexión aparente», y «la Facultad de Descubrimiento, principalmente. Es lo que penetra en los mundos invisibles que nos rodean, los mundos de la Ciencia».

Augusta Ada Lovelace es conocida como la primera programadora de computadoras y, desde 2009, ha sido reconocida cada 15 de octubre para destacar las contribuciones de las mujeres a las matemáticas y la ciencia a menudo pasadas por alto. El evento principal de 2013 se llevó a cabo en el Imperial College de Londres, con el debut de la antología de ensayos Una Pasión por la Ciencia: Historias de Descubrimiento e Invención.

«Empecé a pensar que una parte muy grande del problema era que las mujeres en la tecnología a menudo son invisibles», dijo Suw Charman-Anderson, fundadora del Día de Ada Lovelace. Después de leer un estudio en 2006 de la psicóloga Penelope Lockwood, que investigó la escasez de modelos femeninos en las ciencias, Charman-Anderson pensó que una fiesta para Lovelace podría crear conciencia sobre sus dignos sucesoras. En 2013 se realizaron docenas de celebraciones en todo el mundo, incluyendo un «Ada Lovelace Edit-a-thon» en la Universidad Brown, donde los voluntarios aumentaron las entradas dedicadas a las científicas en la Wikipedia.

En el fondo de estas festividades se dieron a conocer los hallazgos de que la proporción de mujeres que trabajan en ciencias madre (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) ha disminuido en las últimas décadas, lo que se debe en gran medida a que representan una proporción menor de los empleados en informática. En 1990, las mujeres ocupaban el 34% de los puestos principales de ese ramo; en 2011, fue el 27%.

Valerie Aurora, directora ejecutiva de Ada Initiative, una organización sin fines de lucro que organiza conferencias y programas de capacitación para incrementar el número de mujeres que trabajan en matemáticas y ciencias, participó en la primera conferencia Ada Lovelace, en el Stevens Institute of Technology en Hoboken. «Lovelace es un ejemplo inusual de mujer para su época porque no sólo se le permitió aprender matemáticas, sino que se le alentó a aprender matemáticas», dijo Aurora. «Ejemplifica lo que las mujeres pueden hacer cuando tienen la oportunidad».

La oportunidad de Lovelace llegó cuando conoció a Charles Babbage, el famoso matemático que se convertiría en su amigo y mentor. El 5 de junio de 1833, asistió a una extravagante fiesta en Londres que rebosaba de celebridades, frente a las cuales debutó a la edad de 17 años. Estaba Babbage, un viudo de unos cuarenta años, que hablaba con entusiasmo de un invento que él llamó la «Máquina de la diferencia», una torre de ruedas numeradas que podía hacer cálculos exactos mediante el giro de una manija. Unos días más tarde, Lady Byron llevó a Ada a su casa (en número 1 de la calle Dorset) para verlo demostrar el dispositivo en su salón. Ada, intrigada por el prototipo incompleto, entabló una correspondencia con Babbage sobre el potencial del aparato y sus propios estudios matemáticos. Su correspondencia abarca del 10 de junio de 1835 al 12 de agosto de 1852. Babbage le contaba de sus planes y ella de su ambición. «Creo que su gusto por las matemáticas es tan decidido que no debe ser sofocado», le escribió Babbage en 1839.

Cuando Babbage comenzó a diseñar un nuevo proyecto, el «Motor Analítico» —una enorme máquina con miles de ruedas dentadas que podían realizar más funciones con mayor precisión— Lovelace fue su intérprete clave. En un viaje a Turín para promover su trabajo, que requirió un considerable apoyo financiero, Babbage conoció a un matemático llamado Luigi Federico Menabrea, quien aceptó escribir un documento sobre la máquina. Fue publicado en una revista académica suiza en octubre de 1842, con unas ocho mil palabras. Lovelace lo tradujo del francés y agregó sus propias notas. Su versión llegó a veinte mil palabras. «Las notas de la condesa de Lovelace exceden aproximadamente tres veces la extensión de las notas originales», escribió Babbage más tarde. «Su autora ha enfrentado casi todas las preguntas difíciles y abstractas relacionadas con el tema».

Su traducción, junto con sus notas, se publicaron en 1843 y representan su mayor contribución a la informática: describió con claridad cómo funcionaría el dispositivo de Babbage basándose en el telar de telas de seda de Joseph-Marie Jacquard, que podía crear automáticamente imágenes usando una cadena de tarjetas perforadas. El sistema de Babbage, explicó Lovelace, tejía patrones algebraicos. También describió cómo podría realizar cálculos, en particular la Nota G, como se le conoce. Estableció asimismo un plan detallado para que las tarjetas perforadas tejieran una larga secuencia de números de Bernoulli, lo que se considera que fue el primer programa de computadora.

«La ciencia de las operaciones, como se deriva en especial de las matemáticas, es una ciencia en sí misma, y ​​tiene su propia verdad y valor abstractos», escribió Lovelace. Essinger interpreta esta línea en su biografía diciendo: «Ada está buscando inventar nada menos que la ciencia de la informática y desea separarla de la ciencia de las matemáticas. Lo que ella llama ‘la ciencia de las operaciones’ es, de hecho, la informática».

Más allá de eso, Lovelace articuló algo que Babbage no podía, el significado poético de su máquina. Escribió:

Esta ciencia constituye el lenguaje mediante el cual sólo podemos expresar adecuadamente los grandes hechos del mundo natural, y esos cambios incesantes de relación mutua que, visible o invisiblemente, consciente o inconscientemente con respecto a percepciones físicas inmediatas, están sucediendo sin pausa entre las instancias de creación en medio de las que vivimos.

Y continúa:

Se desarrolla un lenguaje nuevo, vasto y poderoso, destinado al uso futuro del análisis, con el cual ejercer sus verdades [???], para que se conviertan en aplicaciones prácticas más rápidas y precisas para los propósitos de la humanidad, que los medios que hasta ahora en nuestro poder han hecho posible [???]. De este modo, no sólo lo mental y lo material, sino lo teórico y lo práctico en el mundo matemático, se ponen en una conexión más íntima y efectiva.

Años después, los eruditos disputarían si Lovelace realmente escribió las notas. El historiador de Babbage, Bruce Collier, argumenta que su contribución había sido sobrevalorada, y «no es exagerado decir que era una maníaco depresiva con las ilusiones más sorprendentes sobre sus propios talentos, y una comprensión bastante superficial de Charles Babbage y el motor analítico».

Pero Essinger, Toole y otros rechazan ese juicio.

«A medida que la gente se dio cuenta de lo importante que era la programación de computadoras, hubo una reacción y un intento de reclamarla como una actividad masculina», señala Aurora. «Para mantener esa riqueza y ese poder en manos de un hombre, hay una reacción violenta para tratar de redefinirlo como algo que una mujer no hizo y no debería hacer y no podía hacer».

Suw Charman-Anderson dice que la historia de Lovelace resuena:

porque todavía hay personas que buscan desacreditar sus logros. Es algo con lo que muchas mujeres que trabajan en tecnología están muy familiarizadas. Podemos mirar a Ada y reconocer que nuestros propios desafíos son similares a los de ella, y sus logros son el tipo de cosas por las que nos esforzamos.

A finales de los años setenta, el Departamento de Defensa desarrolló un lenguaje de software llamado Ada, el cual reunió varios lenguajes de programación diferentes, lo que es adecuado para Lovelace, pues une elementos aparentemente dispares. Era una mujer que montaba caballos, tocaba el arpa y estudiaba poesía. Como Aurora dice, «la programación de computadoras tiene múltiples interacciones con el resto del mundo». Mientras que Babbage poseía ingenio técnico, dijo Aurora, Lovelace propulsó su invento hacia los incipientes días de la informática: «Fue la primera persona en ver el verdadero potencial”. Por ello, Babbage la llamó “Lady Hada».

Texto de Betsy Morais publicado originalmente en The New Yorker el 15 de octubre de 2013.

Betsy Morais fue parte del equipo editorial de The New Yorker y es editora de Harper’s Magazine.

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