“Impúdica y peligrosa”, llamaron a Matilde Montoya, la primera médica de México

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Matilde Petra Montoya Lafragua fue la primera mexicana en graduarse de la carrera de Medicina en 1887, aunque para lograrlo debió enfrentar a grupos conservadores en su natal Puebla y en la Ciudad de México, los cuales consideraban inapropiado que una mujer se dedicara a la Medicina.

Montoya nació en la Ciudad de México el 14 de marzo de 1857. Algunas versiones dicen que su padre, José María Montoya, era un hombre conservador que no permitía que su esposa, Soledad Lafragua, saliera de la casa, por lo que ésta se dedicó a enseñarle a su hija las primeras letras. Otros relatos dicen que Montoya quedó huérfana de padre y fue educada en un convento, siempre al lado de su madre.

A los 16 años, Montoya recibió el título de partera en la escuela de Parteras y Obstetricia Casa de Maternidad, ubicada en la calle de Revillagigedo. Esta labor la acercó al campo de la Medicina. Cuando tenía 18 años, presentó y aprobó el examen de admisión para la Escuela de Medicina de Puebla, lo que bastó para despertar la oposición de grupos conservadores y radicales que publicaron un artículo titulado: “Impúdica y peligrosa mujer pretende convertirse en médica”.

Durante algunos años, Montoya practicó la obstetricia tanto en Morelos como en la Ciudad de México, pero un grupo de doctores a los que no les gustaba su presencia la acusaron de ser masona y protestante. La reacción de Montoya fue mudarse un tiempo a Veracruz hasta que le pidieron volver a Puebla en 1880.

Un par de años después, Montoya decidió mudarse a la capital, donde solicitó su ingreso a la Escuela Nacional de Medicina, institución que la admitió a los 24 años. Pero también en la gran ciudad surgió el rechazo por parte de maestros y compañeros que cuestionaron la validez de las materias que Montoya había estudiado en escuelas particulares, por lo que fue dada de baja. Hubo incluso quien escribió que: “debía ser perversa la mujer que quiere estudiar medicina, para ver cadáveres de hombres desnudos”.

Esta oposición habría sido suficiente para desalentar a cualquiera, pero no a Matilde Montoya, quien solicitó que le revalidaran las materias de latín, raíces griegas, matemáticas, francés y geografía, trámite que le fue negado, por lo que solicitó cursar las materias pendientes en la Preparatoria de San Ildefonso, por las tardes.

Esto último también le fue negado bajo el argumento de que “el reglamento interno de la escuela se señalaba ‘alumnos’, no ‘alumnas’”, por lo que Montoya decidió escribirle al presidente Porfirio Díaz, quien instruyó al entonces Secretario de Instrucción Pública para que le “sugiriera” al director de la Escuela Preparatoria que le facilitara a Montoya el acceso a las materias que necesitaba cursar.

Fue así como, en enero de 1883, Montoya quedó formalmente aceptada en la Escuela Nacional de Medicina, donde cursó sus materias con buenas notas. Como parte del alumnado no faltaron las burlas, críticas y protestas por ser la única alumna, pero se dice que también logró el apoyo de varios compañeros, a quienes les apodaron «los montoyos».

Así transcurrieron cuatro años de estudios, hasta que Montoya preparó su tesis denominada “Técnica de laboratorio en algunas investigaciones clínicas”. Casi a punto de titularse, volvieron a surgir los obstáculos, ya que los estatutos de la escuela hablaban de “alumnos” y no de “alumnas”, argumento con el que se le negó a Montoya el acceso a su examen profesional.

De nueva cuenta, Montoya le escribió al presidente Díaz, quien solicitó a la Cámara de Diputados que actualizara los estatutos de la Escuela Nacional de Medicina que las mujeres pudieran graduarse de médicas. No obstante, la Cámara no estaba sesionando por lo que el presidente decidió emitir un decreto y que el cambio se hiciera de inmediato.

La tarde del 24 de agosto de 1887, Matilde Montoya presentó su examen profesional, teniendo entre los asistentes al mismísimo presidente Díaz, y pasando así a la historia como la primera mujer del país en graduarse de la carrera de Medicina.

Se sabe que Montoya participó activamente en diversas asociaciones femeninas como el Ateneo Mexicano de Mujeres y Las Hijas de Anáhuac, pero nunca fue invitada a formar parte de las asociaciones médicas de la época, que siguieron siendo exclusivas para los hombres.

Montoya dejó de ejercer la medicina a los 73 años y falleció en enero de 1938, dejando como legado su lucha por la igualdad de acceso a la educación.

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