Mary Anderson, la mujer que inventó el limpiaparabrisas

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El humilde artefacto que nos permite seguir transitando en los automóviles a pesar de la lluvia, el granizo y la nieve, fue inventado por una mujer. Mary Anderson era el nombre de la empresaria que ideó este dispositivo y, aunque no fue la primera persona en tratar de mantener el parabrisas limpio, sí fue ella quien encontró la solución definitiva.

Son pocos los datos biográficos que se conocen de Anderson, pero suficientes para saber que era una mujer inteligente, inquieta y adelantada a su tiempo. Sabemos, por ejemplo, que nació en 1866 en el Condado de Greene, en Alabama, y que, a los 23 años, luego de la muerte de su padre, se fue a vivir con su hermana y su madre a la ciudad de Birmingham.

La ciudad se hallaba en plena reconstrucción después de la guerra civil, por lo que Anderson se dedicó a la construcción de edificios y apartamentos. Poco después, se mudó a California donde se encargó de manejar una granja y varios viñedos, pero al final regresó a Birmingham.

La idea del limpiaparabrisas se le ocurrió a Anderson durante un viaje que hizo a Nueva York en 1902, mientras iba a bordo de un tranvía. “Estaba tratando de captar las vistas de las concurridas calles de la ciudad, los edificios altos y los carruajes sin caballos, pero le costaba mucho verlos debido al clima nevado”, comenta la periodista Keri Lynn Engel en el portal Amazing Women in History.

“Mary notó que el conductor también estaba teniendo dificultades para ver a través de la nieve. Cada tanto, el conductor tenía que abrir su ventana para limpiar la nieve del parabrisas con la mano. ¡A veces incluso tenía que sacar la cabeza por la ventana mientras conducía para ver! Olvidándose de las vistas a su alrededor, Mary comenzó a pensar cómo el conductor podría mantenerse abrigado dentro del vehículo sin preocuparse por la nieve”, relata Lynn Engel.

Ese día Anderson “esbozó en su cuaderno una solución: un limpiaparabrisas en el exterior del parabrisas, conectado a una palanca en el interior”, afirma Dashka Slater en un artículo de New York Times Magazine.

Al volver a su casa, Anderson empezó a desarrollar su idea. Se dice que contrató a un diseñador para el dispositivo manual que mantendría limpio el parabrisas, e hizo que una empresa local produjera para ella un modelo funcional.

Un año después, Anderson solicitó la patente por su invento, misma que le fue otorgada el 10 de noviembre con el número 743,801, y tenía una duración de 17 años. Su dispositivo consistía en una palanca dentro del vehículo que controlaba una cuchilla de goma en el exterior del parabrisas. La palanca podría accionarse para hacer que el brazo, disparado por un resorte, se moviera de un lado a otro del parabrisas. También se usaba un contrapeso para asegurar el contacto entre el limpiaparabrisas y la ventana.

Anderson intentó vender su dispositivo a varias compañías, pero todas la rechazaron, por un lado, porque entonces no había tantos automóviles y no le veían el valor comercial y, por otro, porque la gente no siempre pudo ver el valor de su invento y pensaban que podría distraer a los conductores.

Una década más tarde, cuando el Modelo T de Henry Ford comenzó a dominar los caminos, el “dispositivo de limpieza de ventanas” de Anderson había caído en el olvido. La patente de Anderson caducó y el camino quedó libre para que otros pudieron copiar su idea.

Con el tiempo, los limpiaparabrisas han sido rediseñados múltiples veces, respondiendo tanto a los cambios en los diseños de parabrisas como a los deseos de los fabricantes de autos. No obstante, el concepto básico sigue siendo fiel a lo que Anderson dibujó a bordo de ese carro de Nueva York en 1902: una escobilla de goma que limpia el agua del cristal.

Anderson siguió viviendo en Birmingham, donde continuó dirigiendo Fairmont Apartments hasta su muerte a la edad de 84 años.

Como dato adicional la periodista Sandra Ferrer Valero comenta que “los primeros limpiaparabrisas automáticos también fueron inventados por una mujer, Charlotte Bridgwood, quien presentó una patente para su invención en 1917. Su invención, como la de Mary, no fue un éxito comercial”.

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