Hedy Lamarr: la belleza de Hollywood que contribuyó a crear el Wifi

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De la actriz Hedy Lamarr se han dicho miles de cosas. Se dice, por ejemplo, que fue quien representó el primer orgasmo femenino en el cine, y que fue conocida por su escandalosa vida amorosa y su sensual belleza; pero un documental de 2018 revela cómo su talento científico fue pasado ​​por alto.

Hedy Lamarr, la estrella que la productora Metro Golden Mayer (MGM) denominó “la mujer más bella del mundo”, tenía dos de los secretos peor guardados de Hollywood. Uno al que no pudo escapar hasta mucho después de que su carrera terminó. Y el otro, en el que la prensa se interesó poco en ese momento, pero que desde su muerte en 2000, es la historia que la ha definido hasta la fecha. Un documental sobre la vida de Lamarr, resume ambas historias (una sobre sexo y la otra sobre ciencia) en su título: Bombshell (que en inglés significa “bomba”, o “bombón” para referirse la gente muy bella).

La historia de Lamarr es la de una mujer brillante que fue constantemente subestimada. También ilustra claramente por qué importa la representación en pantalla, pues, de todos los roles que le dieron a interpretar a Lamarr, ninguno fue tan fantástico o inspirador como su vida real.

Una foto de Lamarr en la década de 1940, “la mujer más bella del mundo”.

La actriz, que nació como Hedwig Kiesler en Viena, en 1914, recibió su nuevo apellido de Louis B Mayer cuando firmó para la MGM en 1937. Él la nombró así por la vampiresa de la era silenciosa Barbara La Marr, con la intención de que su belleza oscura y de pesadas pestañas le recordara a la gente el espectacular catálogo de MGM, no el de Hedy.

En Europa, Lamarr había hecho una película muy subida de tono para el espíritu de valores familiares de la MGM. Éxtasis, fue el filme de Gustav Machaty (1933) que protagonizó una Hedy adolescente que salía como la novia frustrada que encuentra satisfacción en una aventura con un joven. Ella aparece completamente desnuda y protagoniza lo que probablemente sea el primer orgasmo femenino en la pantalla.

Lamarr misma diría después que sus movimientos en la escena de amor fueron generados por el director gritándole instrucciones y pinchándola con un seguro, pero el efecto, en este drama atmosférico, muy simbólico y casi silencioso, es notablemente intenso. La película fue prohibida en los Estados Unidos, pero se proyectó ilegalmente durante años, y no importa cuántos éxitos tuviera en la MGM, a pesar de los esfuerzos de ese estudio, a Lamarr se la llamaba con frecuencia la “Chica del éxtasis”.

Aunque alcanzó fama internacional como estrella de cine de Hollywood, Lamarr no estaba satisfecha actuando. En su tráiler, entre las tomas y el quedarse despierta toda la noche en casa, practicaba su pasatiempo favorito: inventar cosas. En una grabación de audio utilizada en el documental Bombshell, habla sobre su amor por la ciencia, sus experimentos fallidos (las tabletas efervescentes) y sus éxitos, incluida la mejora del avión de carreras de su amante Howard Hughes. “No tengo que trabajar en ideas”, dijo. “Me vienen naturalmente”.

La patente de Lamarr, presentada en 1941, se desarrolló con el compositor estadounidense George Antheil. Fotografía: USPTO

El mayor triunfo científico de Lamarr fue destinado a la armada estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, y fue un precursor de la comunicación inalámbrica moderna (se conoce como espectro ensanchado y sirvió de base para crear el Wifi y el Bluetooth). Su “sistema de comunicación secreto” utilizaba “saltos de frecuencia” para guiar a los misiles controlados por radio debajo el agua de una manera que el enemigo no los podía detectar. Fue una idea de Lamarr (aunque algunos dicen que pudo haber visto un boceto de una idea similar en la oficina de su primer esposo, el fabricante austríaco de municiones Fritz Mandl) y la desarrolló junto con un amigo, el compositor George Antheil. La patente les fue otorgada en 1942.

Los militares tomaron su idea y, como revela el documental, finalmente la usaron, pero a Lamarr se le informó que haría una mayor contribución al esfuerzo de guerra como pinup girl (o chica de calendario) en lugar de inventora: entretener a las tropas, fortalecer los lazos de guerra y, como nota documental, vender besos.

La invención de Lamarr no se dio a conocer ampliamente hasta casi el final de su vida, a fines de la década de 1990. Y ganó mucha más fuerza cuando se publicaron sus obituarios en el año 2000. Desde entonces, la noticia se extendió y se ha convertido en un ícono de la mujer en la ciencia: en cómics, obras de teatro e incluso en el monumento moderno que son los Google Doodles.

Todo el tiempo, cuando Lamarr hacía grandes películas en Hollywood, la prensa seguía escribiendo sobre su vida amorosa (seis matrimonios y seis divorcios), y su aspecto sensual, como de gatito. Cualquier cosa menos su invento, a pesar de que éste se hizo público en 1941.

El Consejo Nacional de Inventores filtró la historia a la prensa, lo que llevó al LA Times a afirmar que Lamarr pasó “de sirena de la pantalla a inventora… y [cuyo]invento, se mantuvo en secreto por parte del gobierno, es considerado de gran valor potencial en el programa de defensa nacional”. La historia desapareció y hacia 1944, cuando la revista Motion Picture se refirió a la inteligencia de Lamarr, se refería a su “descubrimiento de un nuevo tocado”.

A medida que Lamarr envejecía, su persona se convirtió en una broma, a tal grado que el escritor fantasma de sus memorias las convirtió en algo tan “ficticio, falso, vulgar, escandaloso, calumnioso y obsceno” que ella acabó demandando a los editores.

Los papeles más importantes de las películas de Lamarr, desde Sansón y Dalila hasta Ziegfeld Girl, White Cargo y Experimento Peligroso, priorizaban su exhibición sobre la acción —sus personajes, a menudo exóticos en un guiño a su herencia europea— eran criaturas hermosas para ser vistas, absorbidas por la mirada masculina, pero con muy poco que decir. La misma Lamarr, quien definió el glamour como “quedarse quieta y lucir estúpida”, entendió muy bien por qué nadie quería escuchar acerca de su trabajo científico: no encajaba con la narrativa de marketing de la MGM.

De acuerdo con el Instituto Geena Davis sobre Género en los Medios: “Si puedes verlo, puedes serlo”, y no puede haber un ejemplo más claro que el de Lamarr de por qué es importante la representación en pantalla. Si la historia completa de Lamarr se hubiera contado mientras todavía estaba trabajando, o si alguna vez hubiera interpretado a una mujer tan brillante como ella en una película, tal vez la revelación de que una estrella como ella tenía un cerebro brillante y tambiñen belleza no nos habría caído tanto como una bomba.

Texto original de Pamela Hutchinson publicado por The Guardian.

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